Keiko Fujimori asume el poder en Perú

La derechista Keiko Fujimori asumió este martes como presidenta de Perú, tras jurar en una ceremonia en el Congreso con el reto de enfrentar el auge del crimen organizado y una grave inestabilidad política.

«Juro (…) que ejerceré fielmente el cargo de presidenta de la república que me ha confiado la nación para el período 2026-2031», dijo la hija del exmandatario Alberto Fujimori (1990-2000), que durante la campaña prometió un gobierno de mano dura contra la delincuencia.

Perfil

Keiko Fujimori, criada entre los pasillos del poder y figura central de la política de Perú desde hace dos décadas, asume este martes la presidencia luego de tres fracasos electorales consecutivos desde 2011. Su apellido aún divide profundamente a los peruanos.

De 51 años, Fujimori se convierte en la segunda presidenta de Perú después de Dina Boluarte, quien llegó al poder en calidad de vicepresidenta del destituido Pedro Castillo en 2022, para finalmente correr su misma suerte: cesada por el Congreso.

Asegura que recibe un Estado en condición «catastrófica», tras vencer al izquierdista Roberto Sánchez por un estrecho margen: 50,13% frente al 49,86% de los votos.

La diferencia fue de menos de 50.000 votos, según los datos oficiales.

«Keiko», como es conocida, asume aún bajo la sombra alargada de su padre, quien gobernó en la década de 1990 con mano dura y dejó un legado ambivalente.

En un país que ha visto ocho presidentes desde 2016, Fujimori es muy conocida. Su apellido «es una ‘marca’ que está bien posicionada, guste o no», sostiene el politólogo Jorge Aragón.

Administradora graduada en Estados Unidos, divina en una profesional de la política. Ha sido parlamentaria y jefa de su partido Fuerza Popular.

Se describió como una «metódica» hija de «dos ingenieros» que creció entre cámaras y escoltas desde los 15 años, en una reciente entrevista con el periodista Ismael Cala.

Tras el divorcio de sus padres, se convirtió a los 19 años en primera dama del gobierno de Fujimori y se codeó con jefes de Estado y otros líderes internacionales.

Por: La Razón