París vivió una de las jornadas de protestas más intensas y violentas de los últimos. Según la Confederación General del Trabajo (CGT), más de medio millón de personas participaron de las movilizaciones pacíficas, en las que estuvieron presentes estudiantes, trabajadores y algunos miembros de los chalecos amarillos, exigiendo mejoras en la educación, denunciando el alto costo de vida y el costo del combustible.
La jornada de disturbios dejó varias imágenes impactantes, entre ellas el Ayuntamiento de Limoges (centro) en llamas, pero no fue el único consistorio asaltado, ya que los de Marsella (sur) y Lille (noroeste) también sufrieron daños al irrumpir grupos de manifestantes en su interior tras forzar las puertas.
En la ciudad de Limoges, un ataque incendiario destruyó el histórico edificio del Ayuntamiento, construido a finales del siglo XIX, provocando el colapso de su cúpula y el tejado.
Guillaume Guérin, alcalde de esta de esta última ciudad, condenó la destrucción del histórico edificio aunque garantizó la continuidad operativa de la institución.
“No hay palabras para condenar lo que ha ocurrido, de tan abyecto que es […] Han destruido un edificio que los habitantes de Limoges aman, pero no han destruido el servicio público. Es un monumento que quema, pero no la República”, manifestó.
En París, la violencia afectó a diversos barrios y avenidas principales, donde el mobiliario urbano fue vandalizado y se prendió fuego a vehículos y maquinaria de construcción.
Según el recuento de las cadenas de televisión TF1-LCI, se contabilizaron al menos 270 comercios saqueados en todo el país, afectando a tiendas de tecnología, perfumería, indumentaria de lujo y locales de alimentación.
Asimismo, según imágenes verificadas por BBC Verify, en la ciudad de Grenoble un grupo de hombres enmascarados tomó un tren turístico y lo condujo por una calle estrecha del centro urbano hacia la posición de varios agentes antidisturbios.
La respuesta del Gobierno
Para contener la alteración del orden público, el Ministerio del Interior desplegó un contingente de 10 mil policías y gendarmes en todo el territorio, asignando 5000 efectivos a la capital.
Las fuerzas de seguridad emplearon gases lacrimógenos, camiones cisterna con cañones de agua y granadas aturdidoras para dispersar las concentraciones no autorizadas e impedir el avance de los grupos violentos hacia edificios estratégicos como el Palacio del Elíseo.
El ministro de Justicia, Gérald Darmanin, calificó los sucesos de este sábado como “actos de violencia urbana de una gravedad inaudita”.
Mientras que el ministro de Educación condenó el uso de la violencia como parte del reclamo de reivindicaciones sociales. “La República se basa en el respeto al estado de derecho, por parte de todos, en todas las circunstancias. Incendiar, destruir, saquear, robar: nada, absolutamente nada justifica esta violencia”, dijo.
Por su parte, el presidente de Francia, Emmanuel Macron condenó la ola de vandalismo desatada al margen de las movilizaciones y garantizó la acción del aparato judicial contra los responsables de los destrozos en edificios públicos y locales comerciales.
“Quienes han destrozado, atacado tanto prefecturas como comercios, saqueado incluso nuestros ayuntamientos serán perseguidos y castigados”, advirtió el mandatario.

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